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Psicoanálisis y Economía

lunes, 16 de junio de 2014

La carta invertida



Sebastián Plut

Fue en un mismo acto, a través de las redes sociales, que me ¿enteré? de una carta que el Papa le habría enviado a CFK pero que tal carta era trucha, falsa y de “mala leche”.
Mi primera reacción fue descreer de la presunta inautenticidad de la carta, y no solo porque la ¿información? que me llegaba vía redes sociales era de Clarín. Me resultaba francamente inverosímil la posibilidad de una carta falsa.

No alcanzaría con considerar que “el Gobierno miente” para creer que es “verdad” que “la carta es mentira”. Habría que imaginar, sobre todo, que CFK es tonta. Si no, ¿cómo creer que se animaría a publicitar una carta del Papa que este no envió?
Entonces pensé: no solo la tratan de “mentirosa” a CFK sino que también piensan que es “boluda”. Suponer que ella se expondría mostrando una carta falsa es, ni más ni menos, que tomarla por descerebrada.

Pero después reconsideré la situación. No la están tratando de idiota, pues ningún medio opositor es tan bobo de creer que ella es boba. Entonces, ¿en qué consistió todo esto?

Se trata de una operación cuyo destinatario es el Gobierno Nacional pero que se ejecuta sobre el propio lector (en este caso de Clarín). En efecto, el Gobierno sabe la realidad (veracidad de la carta) y en todo caso decide si refuta o no (y de qué modo) las versiones del diario.

Se advierte entonces que el modo de atacar al Gobierno consiste en:
a) la atribución de ciertos rasgos a uno o más funcionarios del oficialismo;
b) una afectación cognitiva sobre sus propios lectores (por medio de una tergiversación de la realidad);
c) la configuración de la propia posición desde la cual se habla (o escribe).

Comencemos por esto último.
Clarín habla como un medio opositor. ¿Es eso un problema? Sí. ¿Por qué? Porque así como la función de un gobierno es gobernar, la función del periodismo es informar. Esta tarea, sin duda, puede y debe hacerse de manera crítica (que interrogue, dude, sospeche y, aun denuncie si es necesario) pero eso no es lo mismo que ser opositor. Más aun, si se asume como tal el periodismo pierde su función crítica, al menos si por crítica esperamos una acción sana, honesta y que estimule el pensamiento.

Un periodismo crítico del Gobierno no se logra como opositor, porque requiere de un lugar ex-céntrico y distante respecto de toda posición particular.
Asimismo, un medio crítico se compone de periodistas con autonomía intelectual, en tanto que si el medio deviene opositor no hay duda que aquella autonomía se verá gravemente restringida.

Como sea, y más allá de la disquisición entre ser opositor y ser crítico, si la libertad de prensa no respeta el derecho a la información aquella se transforma en una política deliberada de banalización de la palabra.

Es notable que la noticia sobre la misiva papal fue menos difundida por su autor y/o su destinataria que por aquellos que creyeron (o quisieron) que era falsa. De modo que un hecho protocolar (el Papa suele enviar este tipo de notas a los gobernantes cuando hay celebraciones nacionales) y políticamente menor, fue sobredimensionado por los medios y transformado en lo que no era: una mentira.


Pensar al revés
Ya que en estos días es el aniversario de la muerte de A. Jauretche es bueno recordar que él entendía que los argentinos pensamos al revés.
Clarín afecta el pensamiento de sus lectores haciendo o promoviendo que piense al revés.

Clásicamente supimos que los “rumores” proliferan ante la falta de información. Así, un rumor surge como sustituto de lo que no está y en parte es de allí que extrae su atractivo: uno se enteraría de algo secreto.
Por ello es habitual quedar atrapado (diría penetrado) por el rumor.
La operación a la que asistimos aquí es compleja porque no solo echa a rodar un rumor falso sino que promueve un proceso regresivo, toda vez que en este caso sí había información, en cuyo caso transformarla en un rumor no es otra cosa que degradarla.

Bion, un brillante psicoanalista inglés, describió un fenómeno clínico que llamó “reversión de la perspectiva”. En este el paciente le hace creer al analista que aquel se está analizando, cuando en el fondo su objetivo es otro: atacar la mente del analista y demostrar que no sirve. A la inversa de los sujetos que, según Freud, fracasan al triunfar, en la reversión de la perspectiva el sujeto triunfa al fracasar, aplaude silenciosamente las derrotas, que todo vaya mal.
El paciente, además, le hace creer al analista que hay un paciente, que hay alguien que con sinceridad describe sus problemas. Tiene alguna similitud, aunque sea parcial, con el llamado “síndrome de munchaussen” en tanto en uno y otro caso un sujeto engaña a otro haciéndole creer que allí hay un problema, hasta que se revela la falsedad del problema mentado.


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