Presentando el Blog

Psicoanálisis y Economía

jueves, 11 de julio de 2013

El comodín de la libertad

Sebastián Plut

Intentaré una reflexión sobre la noción de libertad que, al menos en parte, continúa lo que he planteado en “Derechos y acreencias”, un artículo previo publicado en el N° 5 de la Revista de Epistemología y Ciencias Humanas.
El tema de la libertad ha sido ampliamente discutido y han hecho su aporte las más variadas disciplinas. Lo que haré aquí, pues, es una reflexión breve y acotada al psicoanálisis a partir de la pregunta sobre si tiene sentido la noción de libertad y, en caso afirmativo, cuál.
Si uno piensa en la libertad como valor, rápidamente uno encuentra su contraparte en toda experiencia que refiera a una dictadura, en cuyo caso no puede sino subrayarse la importancia que aquella (la libertad) adquiere. En efecto, en cualquier situación de despotismo, nuestros movimientos, nuestra posibilidad de pensar y de expresarnos, etc., se ven severamente restringidos o castigados. De todos modos, podemos agregar, la libertad que allí exigimos se basa aun en otro concepto que es el de justicia. La lucha, en tales ocasiones, se despliega contra el ejercicio abusivo del poder, es decir, contra la injusticia.

En el título me referí al “comodín” porque, de hecho, advertimos que puede hacerse un uso múltiple del término libertad, puede ser enarbolado por diferentes actores sociales y aplicado a circunstancias de las más diversas. Por ejemplo, ciertos economistas pueden defender “la libertad de mercado” (en oposición a la función regulatoria del Estado) o bien algunos pueden defender la “libertad de prensa” (omitiendo considerar el derecho a la información) o, ya en otro terreno, un paciente puede decir que desea separarse de su novia porque necesita “más libertad”. Cabe recordar, por ejemplo, que en su discurso de asunción a la presidencia George W. Bush utilizó 50 veces el término libertad (hasta 6 veces en un mismo párrafo) para exponer sus ideas tanto sobre el mercado como sobre la lucha contra el terrorismo.

Vale recordar aquí lo que Freud planteó en El malestar en la cultura: “La libertad individual no es un patrimonio de la cultura. Fue máxima antes de toda cultura; es verdad que en esos tiempos las más de las veces carecía de valor, porque el individuo difícilmente estaba en condiciones de preservarla. Por obra del desarrollo cultural experimenta limitaciones, y la justicia exige que nadie escape a ellas. Lo que en una comunidad humana se agita como esfuerzo libertario puede ser la rebelión contra una injusticia vigente, en cuyo caso favorecerá un ulterior desarrollo de la cultura, será conciliable con esta. Pero también puede provenir del resto de la personalidad originaria, un resto no domeñado por la cultura, y convertirse de ese modo en base para la hostilidad hacia esta última. El esfuerzo libertario se dirige entonces contra determinadas formas y exigencias de la cultura, o contra ella en general. No parece posible impulsar a los seres humanos, mediante algún tipo de influjo, a trasmudar su naturaleza en la de una termita: defenderá siempre su demanda de libertad individual en contra de la voluntad de la masa. Buena parte de la brega de la humanidad gira en torno de una tarea: hallar un equilibrio acorde a fines, vale decir, dispensador de felicidad, entre esas demandas individuales y las exigencias culturales de la masa; y uno de los problemas que atañen a su destino es saber si mediante determinada configuración cultural ese equilibrio puede alcanzarse o si el conflicto es insalvable”.

Vayamos ahora a un terreno más cercano a los psicoanalistas.
Winnicott ha escrito un bello trabajo sobre el tema (cuyo título es “Libertad”) en el cual sostiene que es un error oponer libertad a determinismo. De hecho, si así lo hacemos, gran parte de la teoría psicoanalítica sería una suerte de demostración de la falta de libertad, dadas, por ejemplo, las hipótesis sobre la sobredeterminación. En cambio, Winnicott considera que la libertad es correlativa de la creatividad o, por lo tanto, podríamos decir que es opuesta a la estereotipia o la rigidez. Ejemplos de libertad para este autor son el humor o la capacidad de jugar y, sabemos, ambas actividades humanas están determinadas.
Concretamente, Winnicott afirma que: a) “es la rigidez de las defensas lo que hace que la gente se queje de la falta de libertad”; b) “la libertad es asunto de la economía interna del individuo”.
Agreguemos entonces que una falsa noción de libertad supondría la ilusión de una ausencia de causas (o determinaciones) cuando, más bien, consiste en nuestra capacidad de saber y hacer con tales determinaciones.

También podemos recordar la indicación freudiana de la asociación libre. Sin embargo, con esta instrucción Freud no imaginaba que las personas decidían conciente y libremente qué decir sino que, para él, constituía sobre todo una apelación a la sinceridad.

Que un sujeto decida alejarse de su pareja reclamando su necesidad de libertad o, en el ámbito social, alguien proclame la libertad de mercado, es correlativo de un aumento de la carga negativa del término “dependencia” o, en todo caso, de la tendencia a homologar este término con las ideas de subordinación o sometimiento. Dicho de otro modo, dependencia podrá también significar que no me resulta indiferente la presencia o ausencia del otro.

En suma:
a) si hay alguna restricción abusiva, el reclamo de libertad adquiere su pleno valor en tanto se ha vulnerado un derecho, se ha consumado una injusticia;
b) si no estamos ante ese tipo de situaciones (dictaduras, etc.) el reclamo de libertad tiene su origen en: 1) la falta de creatividad, 2) la tentativa de desconocer al otro.

domingo, 9 de junio de 2013

Con humor de transferencia


Sebastián Plut


1. ¿Por que nos habrán enseñado que la vaca da la leche? ¿No es acaso el hombre el que se la saca? O bien: ¿por que decimos "se cayo el Muro de Berlin"? ¿Desmentimos que alguien lo tiro?

2. ¿Por que será que si un lego lee un libro de física, por ejemplo, dice "no entiendo", pero si lee un texto de psicoanálisis dice "no se entiende"?

3. Estoy leyendo un texto de R. Carnap que se llama "La superación de la metafísica por medio del análisis lógico del lenguaje". Después dicen que los psicoanalistas somos complicados...

4. Si un político dice que tiene "sed de verdad" escuchemos bien lo que dice cuando deja de hablar para tomar agua.

5. A veces me parece que el paciente tiene analistas que el analista no comprende...

6. Cuanta razón tiene el que dijo que "los hijos son la excepción a la regla", ¿no?

6. Si alguien dice: "tengo que..." (estudiar, trabajar, etc.) seguramente es solo un soborno al superyó.

7. Cuando un paciente tiene un gesto hostil hacia alguien, no aceptamos que "parezca un accidente". Al menos en eso, nos distinguimos de la mafia.

8. Ante las próximas elecciones legislativas y la aun falta de candidatos claros, los patriotas de mayo dirían "el pueblo quiere saber de que se trata". En cambio, Laplanche y Pontalis dirían: "queremos definiciones".

9. Pequeño diccionario psicoanalítico
Cuando un analista dice de otro que "tiene recorrido" quiere decir que su "currículum vitae" es bueno.
Cuando un analista dice de otro que "lo respeta", quiere decir que le parece un imbécil.

10. Algunas mujeres que se quejan de que sus maridos no las escuchan parecen tener un hipoacusico proyectado.

11. Los "anales" de la historia ¿son los libros que registran las cagadas de la humanidad?

12. Ejemplo de contradicción lógica:
Un sujeto en un bar pide: "mozo, traigame un cortado mitad y mitad con mas leche que café".

13. ¿El concepto de "madre patria" no es hermafrodita?

14. Que el hombre este creado a imagen y semejanza de Dios... no habla muy bien de Dios...

15. Freud: sexualidad sin reproducción
Técnicas de fertilización: reproducción sin sexualidad

16. Si un paciente cuenta un chiste en sesión, ¿es humor de transferencia?

17. Una breve viñeta
El tratamiento del paciente G. planteó varias dificultades.
Uno de los mayores obstáculos fue poder conocer su nombre completo, lo cual llevó varias sesiones.
Otro problema fue entender su motivo de consulta. El analista intuyó que la angustia del paciente tenía una razón: nunca pudo entender cómo es que tenía un hermano mellizo dos años menor.
Eso, a decir verdad, también confundía a su analista, quien luego de un silencio bien estudiado, respiró y preguntó: ¿”qué es un mellizo para usted?”. Así dio por finalizada la sesión.
Un grupo de trabajo, reunido para estudiar el caso y las intervenciones del analista, pudo conjeturar que esa pregunta tenía un claro origen: esa mañana había ido a supervisar el caso.

18. "Elemental mi querido Watson" decía Sherlock Holmes cuando estudio psicología conductista. Y con buenos reflejos, Watson le contesto: "no quiero estar condicionado".

19. Si un paciente cuenta que cometió un delito: ¿es asociación libre o asociación ilícita?

20. Si un paciente tiene fobia a los perros, ¿nos producirá una contratransferencia rabiosa?

21. La paradoja del paciente electricista: tener un sin-toma corriente.

22. La mentira del autoservicio, ¿es un falso self service?

23. El hijo del analista lacaniano, cuando entra a primer grado, ¿lee "Gregorio suma y sus matemas"?

24. Marx era buen alumno porque tenía conciencia de clase.

25. Cuando alguien muere y otro pide un minuto de silencio, el lacaniano diría: “¿solo un minuto?”



Lo que pide la gente


Sebastián Plut

Cuando tratamos de diferenciar y agrupar políticos recurrimos a diversas categorías: de izquierda o derecha, honestos o corruptos, peronistas o radicales, ideólogos o de acción, con gestión y congestionados, nacionalistas o cipayos, nuevos o viejos, primos y entenados, amigos y enemigos, populistas o republicanos, etc.
Tal vez podamos agregar otra categoría: aquellos que al contar que recorren una ciudad dicen (insisten, enfatizan) “la gente nos pide…”. En ese momento, pues, mencionan lo que, presuntamente, “la gente les pide”: menos inseguridad, salvar la república, crecimiento económico, disminuir la corrupción, entre otros pedidos.
Esperemos que no se les confundan los términos y acaben dando menor república, salvando la corrupción, creciendo la inseguridad o disminuyendo la economía.
La escena, entonces, consiste en que estos políticos: a) caminan; b) escuchan y c) harán lo que la gente les pide.
Por mi parte, no logro decidir si esta escena me parece inverosímil o absurda.
¿Realmente sucede todo eso? ¿Es cierto que andan por ahí escuchando el clamor popular? ¿Harán lo que la gente les pide? Por ejemplo, a muchos de ellos yo les pediría que no se presenten nunca más en una elección, ¿cumplirán mi pedido? ¿Son como los reyes magos que uno les pide algo y ellos prometen satisfacer nuestros deseos?
¿Qué es un político y que esperamos de él? ¿Qué haga lo que le pedimos o que haga lo que él dijo que iba a hacer? Es decir, ¿esperamos que cumpla nuestros deseos o que cumpla con su palabra?
Lo que yo espero de un político es que tenga un proyecto y que me proponga él una agenda de políticas públicas. No quiero que me pregunte lo que yo quiero, porque tampoco quiero pensarlo como aquel que hará lo que yo quiero. No quiero un “delivery gubernamental” a la medida de lo que yo pueda pedir.
Los psicoanalistas, por ejemplo, sabemos que no tenemos por qué hacer lo que un paciente nos pide. Se supone que –en el mejor de los casos- nosotros sabemos lo que debemos hacer cuando el paciente nos cuenta su sufrimiento.
Si vamos al almacén, es cierto que pedimos lo que cada quien desea o necesita comprar, pero lo hacemos dentro de lo que ese almacén nos ofrece.
Ya sé que un gobierno no es una sesión de análisis ni un almacén de productos, pero cada una de estas actividades, como tantas otras, tiene sus propias reglas de funcionamiento y regulación.
Tampoco me parece que una escuela, por ejemplo, deba responder a las demandas de los padres de los escolares. He llegado a escuchar, de algún padre de un alumno de escuela privada, que ante un malestar con la institución propuso: “hagamos valer nuestro poder como clientes”.
A un gobierno, creo, podemos exigirle idoneidad y honestidad, pero esas exigencias no pueden homologarse con que “hagan lo que les pide la gente”.
No es lo mismo exigir que pedir. Cuando exijo, espero que el otro cumpla con su deber; cuando pido, espero que el otro satisfaga mi deseo. Si exijo, ejerzo mi derecho a que el otro responda a sus obligaciones así como yo cumplo con las mías; si pido, ejerzo mi derecho a no tener obligaciones.
Un político no será idóneo y honesto porque haga lo que yo pido, sino que lo será si hace lo que se comprometió a hacer.
Entonces vuelvo a mi duda: aquella escena ¿es inverosímil o absurda?
Es inverosímil porque cuando un político dice que escucha a la gente, la realidad es que él se está “mostrando” ante la gente, le está diciendo “yo soy lo que vos pedís”.
Es absurda porque no es esa su función ni su obligación.
En suma, no tengo por qué decidirme entre ambas opciones: la escena es inverosímil y absurda.

Francisco De Narváez y la contradicción semántica

Sebastián Plut

La propaganda política, que parece seguir la lógica de la publicidad, suele expresarse de forma altamente condensada, por lo cual para su análisis necesitamos de ciertos instrumentos que nos permitan acercarnos a su sentido.
Sin embargo, no me centraré ahora en tales instrumentos sino que, solamente, deseo comentar la impresión que me dio leer en diversos carteles la propaganda de Francisco De Narváez que dice: “Ella o vos”. Estos carteles me recordaron un trabajo que hace tiempo publiqué en Actualidad Psicológica, en el año 2004, sobre el problema del “sacrificio” y quiero comentar los motivos de esta evocación.

A modo de síntesis, puedo señalar que la postura sacrificial incluye el mecanismo de la desmentida, el cual a su vez interfiere en el desarrollo del juicio que indica que el destinatario de dicho sacrificio es un personaje hostil. El complemento de este desconocimiento (del carácter hostil de dicho personaje) consiste en la supresión de los propios deseos narcisistas y egoístas.
El otro componente de este tipo de situación es lo que denominamos “contradicción semántica”, la cual se desarrolla cuando un sujeto dice “vos” pero que, en el fondo, dice “yo”. El ejemplo típico podrá ser aquella escena en que un padre o una madre le dice a su hijo: “lo hago por vos”, cuando en rigor no es por el hijo sino por sí mismo por quien pide algo. Dicho de otro modo, el que pide un sacrificio: a) disfraza su propio egoísmo; b) apela al argumento del amor; c) sugiere que el otro es egoísta; d) lo induce o manipula emocionalmente para que desarrolle una conducta “generosa” hacia el primero.

Volvamos entonces a la propaganda referida: la elección manifiesta que plantea es entre “ella” (Cristina Fernández de Kirchner) y “vos” (el ciudadano). El sujeto de la misma (De Narváez), al proponer “ella o vos”, queda, en apariencia, afuera de la misma, ya que no dice “ella o yo”. Lógicamente, inferimos que ese “yo” está implícito toda vez que la propaganda apunta a posicionarse como candidato de una elección, por lo cual los ciudadanos debemos elegir no entre “ella” y “nosotros”, sino entre “ella” y “él” (donde ella es CFK y él es FDN).
En síntesis, Francisco De Narváez nos está diciendo que hagamos algo (votar) por nosotros mismos, omitiendo expresar que lo estaríamos haciendo por él.
Con estos comentarios, huelga decirlo, no pongo el foco en el hecho de que un político se proponga para ser votado y que, con ese propósito, se exhiba como la opción conveniente. Sencillamente, intento examinar en la trama discursiva la estrategia retórica a la que apela el candidato.
Más específicamente, considero que el análisis de dicha estrategia permite formular una suerte de anticipación: votar por él conducirá a la elección de un político que nos impondrá numerosos sacrificios, sobre todo si desconocemos el carácter hostil del mismo. Un político para el cual, finalmente, nuestras propias aspiraciones no tendrán cabida.

domingo, 2 de junio de 2013

Accidental


Sebastián Plut


Camilo no estaba seguro si la extraña reflexión, que le sobrevino mientras conducía por la autopista, era ciertamente tan extraña. Pensó que si sufría un accidente en la ruta, luego se diría a sí mismo que “si hubiera tomado por otro camino, no habría chocado”. En consecuencia, si ingresaba en la ciudad sin haber tenido ningún siniestro, debería conjeturar que fue un acierto el trayecto recorrido pues el accidente estaba en otro sitio.
Parecía, entonces, que la popular teoría del «diario del lunes» solo se aplica a los eventos desagradables. Es que el condicional de lo que podría haber sucedido, tan irreflexivo como inevitable, únicamente tiene lugar cuando pretendemos desalojar un dolor y preferimos una melosa sensación de injusticia…

*        *        *

Casi todos los días pueden escucharse los ruidos que llegan desde el interior de la precaria casa, ubicada poco antes de llegar a la esquina. Es una construcción sencilla, probablemente de algo menos de medio siglo. Durante las mañanas y las tardes entra gente que permanece allí unos treinta minutos. Por las noches, el ingreso y egreso de personas disminuye bastante. La música, en cambio, suena casi sin pausa. En general es cumbia, que alterna con boleros y alguno que otro chamamé.
Los vecinos del barrio, sobre todo los de la misma cuadra, se fueron inquietando de manera creciente. Conversaban entre ellos y la histórica panadería, que lindaba con aquella vivienda, se transformó en el ámbito privilegiado de debates o, más bien, de ese tipo de conjeturas y comentarios que no se esfuerzan por distinguir entre rumores e información.
Incluso, fue consultado el policía de la otra esquina, quien se mostró interesado en el tema pero carecía de todo halo detectivesco. Aun así, una tarde al volver a la seccional optó por compartir unas pocas palabras sobre el asunto con el oficial principal.
La noche del lunes, tres ocasionales caminantes, vieron salir humo a través de una de las ventanas del frente, se detuvieron, intentaron hallar algún espacio por donde mirar hacia el interior pero, ante el fracaso de esta búsqueda, continuaron su camino.

Lunes 2 AM. El oficial principal no eludió su responsabilidad. Habló con el comisario y antes de que llegara la orden judicial comenzaron a preparar el allanamiento. Tres móviles con cuatro federales en cada uno se estacionaron en la puerta de la panadería. La docena de agentes, con las armas de rigor, derribaron la puerta y vociferaron frases que los asustados curiosos que andaban por allí no supieron reconocer.
Desde afuera se oían los gritos que llegaban desde la casa y que se superponían con la música y algunos disparos. De todos modos, no hubo heridos. Además de la policía, salieron un hombre y una mujer con un niño en brazos. La televisión mostraba las imágenes y enfatizaba el desconcierto.
Los detenidos declararon más tarde en la comisaría. Informaron que se dedican a la elaboración de tortas caseras que, modestamente, venden por recomendación. Últimamente, les está yendo un poco y mejor y, de hecho, cuentan con la habilitación correspondiente.
Diarios, radios y vecinos coincidían en el mismo interrogante: ¿cómo pudo la policía irrumpir violentamente en la casa de una familia trabajadora?

*        *        *

En la cuadra ya resultaba familiar que se oyeran ruidos provenientes desde el interior de la humilde casa, ubicada entre la mitad de cuadra y la esquina.
Algo precaria en su estructura y aun siendo vieja no se diría que fuera una antigüedad. Desde las diez de la mañana hasta la caída del sol, entran personas que, poco después, salen con alguna bolsa. Ya hacia la noche, la cantidad de gente es bastante menor, pero el sonido de aquellas melodías porteñas o latinas no disminuye.
Los habitantes de las casas contiguas oscilaban entre la sospecha y la indiferencia. Si tenían oportunidad, particularmente mientras permanecían esperando ser atendidos en la panadería, charlaban sobre la “casa”. Unos preguntaban, otros reconocían ignorancia y otros disfrazaban de saber a su imaginación.
Cierto día hablaron con Aguirre, el vigilante que suele estar de pie en la otra esquina, a quien le gustó ser consultado, más por la amigable plática que por sentirse convocado en su oficio. De todas maneras, al dejar su turno y pasar por la seccional, se acordó de transmitir los “hechos” al principal.
Serían las nueve de la noche del lunes, cuando tres amigos advirtieron algo de humo que salía por debajo de la puerta. Con más curiosidad que temor quisieron ver qué sucedía pero no encontraron espacio alguno por donde mirar y cada uno se fue a su casa.

Lunes 2 AM. En pocas horas el fuego creció arrasando con gran parte de la construcción y dejando dos cuerpos que a penas podía reconocerse que fueran seres humanos. Los bomberos no pudieron hacer nada, al menos si de salvar vidas se trataba. La policía comenzó a investigar sobre lo ocurrido y los medios emulaban a estos últimos aunque según sus propios fines.
Se llegó a saber que allí funcionaba un pequeño laboratorio de elaboración y comercialización de drogas. Intervino un juzgado federal y aunque aun no se había podido identificar a los responsables, los periodistas sugerían que allí operaba una banda local en conexión con indocumentados de algún país latinoamericano.
Diarios, radios y vecinos coincidían en el mismo interrogante: ¿cómo pudo suceder esto a la vista de todos sin que las autoridades interviniesen?

*        *        *

Camilo quiso caminar. Anduvo unas diez cuadras hasta que entró en un bar y leyó el diario. Sin entender bien por qué, recordó que alguien, cuyo nombre no pudo evocar, sostuvo que el azar solo es desconocimiento de las causas. Él estaba de acuerdo con esa idea y, más aun, coleccionaba anécdotas propias y ajenas que otorgaban solidez a ese aserto.
Volvió a su casa, jugó a los dados con su mujer y sintió cierta nostalgia por lo difícil que le resultaba pensar en esta época que los accidentes existen.



martes, 28 de mayo de 2013

Diario La Nacion - Editorial "1933"



Hace pocos días el Diario La Nación publicó una editorial, cuyo título era “1933” y pretendía comparar la actual situación de la Argentina con el avance de Hitler y el comienzo de lo que dio en llamarse Tercer Reich.
Es bajo todo punto de vista inaceptable esta comparación, la cual carece de todo fundamento y, más bien, constituye un agravio tanto al país como a las víctimas del nazismo.
El autor de la nota dice: “Salvando enormes distancias, hay ciertos paralelismos entre aquella realidad y la actualidad argentina que nos obligan a mantenernos alerta”.
Luego de esta afirmación, como si al decir “salvando las enormes distancias” realmente las “salvara”, enumera una serie de hechos promovidos por Hitler los cuales no tienen ningún parentesco con la realidad Argentina y/o con el actual gobierno nacional.
A pesar de esta ausencia total de similitudes, finaliza sosteniendo: “Salvando, como decíamos, las enormes distancias, los argentinos deberíamos reparar en los rasgos autoritarios que, cada vez con mayor frecuencia, pone de manifiesto el Gobierno, y cobrar conciencia de que es imposible prever cómo puede terminar un proceso que comienza cercenando las libertades y la independencia de los tres poderes del Estado, al tiempo que distorsiona los valores esenciales de la República y promueve enfrentamientos dentro de la sociedad”.

Tal vez sea pertinente recordar dos afirmaciones que el Diario La Nación escribió en su edición del 31 de enero de 1933:
1) “Desde la caída del Imperio, no ha tenido Alemania un momento de tan honda expectativa” (dich al día siguiente de la asunción de Hitler);
2) Cita a un ensayista que habría dicho de Hitler que “no es un jefe verdadero, es un dictador malogrado‟, a lo cual la Nación responde: “Esa afirmación resultó demasiado apresurada y excesiva por injusta. No hay duda de que sin profundas condiciones de jefe no habría logrado Adolfo Hitler el incomparable prestigio popular ni alcanzado a dar cohesión y unidad casi militar a millones y millones de partidarios”.

jueves, 16 de mayo de 2013

Carta abierta a un opositor constructivo



Sebastián Plut


Estimado opositor

Tal vez usted suponga, acaso por el título de esta carta, que su autor es oficialista y ya se esté preparando para leer alguna encendida defensa del gobierno; una defensa –imagino que imagina- que subraye (¿sobredimensione?) los aciertos de los funcionarios actuales de la Nación y que, sobre todo, destaque los errores, desaciertos y desvaríos de políticos adversarios.
La realidad es que no soy oficialista, ni kirchnerista y, tampoco, peronista. Tal vez sea un requisito autoimpuesto, algo influido por las circunstancias actuales, el hecho de comenzar presentándome por esta particular vía de lo que “no soy”, pero que de ningún modo corresponde a una formulación en tiempo presente del “yo no fui” que busca quedar eximido de alguna responsabilidad.
Es que tampoco estoy pensando si usted es miembro de algún partido de la oposición o se siente más o menos representado por alguno de sus dirigentes. En todo caso, lo supongo una suerte de independiente que está en desacuerdo con el kirchnerismo, que tal vez haya ido –o no- a algunas de las marchas que se hicieron y que, con lucidez o ingenuidad, asume los cuestionamientos que se le hacen al gobierno.
Si se trata de evidenciar mi propia posición, a modo de encuadrar estas líneas en el contexto del denominado sujeto de la enunciación, podría decir que luego de 10 años de kirchnerismo tengo unas cuantas dudas sobre el gobierno. Tal vez, entonces, la diferencia con gobiernos precedentes es que respecto de aquellos no tuve ninguna duda. Intento, pues, que la mencionada duda no constituya una oscilación obsesiva entre dos o más opciones, sino que me permita sostener interrogantes y, por qué no, soportar la diferencia entre el propio pensar y la realidad.

Suele decirse que actualmente hay viejos amigos que ya no se hablan entre sí, o familiares que ya no se reúnen como antes, porque las discusiones políticas alcanzan grados insoportables de violencia. Se sugiere también que los kirchneristas serían tan agresivos e intolerantes que resulta imposible todo diálogo. ¿Es realimente la intensidad de la pasión con que se expresan ciertas posturas y, sobre todo, el modo en que lo hacen quienes defienden las políticas “K”, la causa de este presunto imposible diálogo? ¿No será, más bien, que el resurgimiento del debate puso de manifiesto la sordera habitual que padecemos los seres humanos, sordera inadvertida en tiempos de apatía cívica?
Es probable que la forma misma en que planteo el interrogante exhiba la evidencia de lo que al menos yo respondería. Esto es, no creo que estas supuestas discusiones expulsivas se eliminen al suprimir la antinomia kirchnerismo-antikirchnerismo, sino que requieren de un cambio en nuestra propia capacidad de darle cabida, como ya señalé, a la diferencia entre el propio pensar y la realidad.
Sobre la corrupción, de hecho, tengo una consideración similar. Por grave que sea, no me parece que sea un problema que vaya a resolverse solo por un cambio de gobierno porque no es un problema de “los políticos” sino de los “ciudadanos”.
En ambos casos, coincida o no con lo que digo, advertirá que se trate de la sordera o que se trate de la corrupción, no logro considerarlo como un problema que solo pueda imputarse a un “ellos” que se diferencie de un “nosotros”, un trastorno que solo comprenda a un conjunto del cual me supongo –iluminadamente- afuera y exento.
Ciertamente, no estoy aplanando responsabilidades al modo de “todos somos culpables” ni, mucho menos, adhiero a una suerte de “roban pero hacen”, así como tampoco minimizo el problema si de corrupción hablamos. Solo que me parece algo ingenuo acotar, si se me permite, una patología a un número limitado y específico de casos. Para decirlo de otro modo, no guardo ninguna expectativa ligada con resolver la corrupción en las próximas elecciones.

Algunos ven en el actual gobierno un agente de poder autoritario con afanes incontenibles de dominio absoluto. Al partir de esa premisa, todo aquello que haga el gobierno queda naturalmente condenado y lo que propone hacer queda bajo sospecha irrefutable. Puede que me equivoque e, incluso, que yo mismo quede atrapado por la ingenuidad que, previamente, intenté aventar. Igualmente, me sigue pareciendo notable pensar en el supuesto autoritarismo de un gobierno que hace años logró aprobar en el Congreso la ley de medios audiovisuales pero que quienes se oponen, hasta la fecha hayan podido frenarla judicialmente. Del mismo modo, el mote de despotismo se da de cara con aquella otra situación en que el gobierno perdió en el mismo Congreso la votación por la llamada “125”.

Tampoco debería ser desdeñado el hecho de que este gobierno ya ganó tres elecciones presidenciales, dos de las cuales por amplia mayoría. He aquí, pues, otro punto que cabe considerar, mi estimado opositor constructivo.
Efectivamente, una democracia no se reduce al solo evento del acto electoral por medio del cual cada cuatro años se elige al Presidente de la Nación. Claro que ese hecho tampoco carece de importancia democrática. El argumento que solemos escuchar reza: “Hitler también accedió al poder por elecciones”. En rigor, me parece casi innecesario detenerse a analizar esta comparación. No merece ningún centímetro de escritura ni ningún segundo de pensamiento mostrar que entre el dictador nazi y el actual gobierno argentino no hay ninguna semejanza. En suma, que Hitler haya ganado las elecciones no agrega nada ni a favor ni en contra del valor intrínseco del acto de votar.
Si, como es obvio, el haber sido elegido, aun por una mayoría significativa, no otorga ningún poder absoluto y, más bien, debería imponer obligaciones (como cuando Ortega y Gasset decía “nobleza obliga”) también es cierto que a los que no votaron a quien salió electo, también les cabe la tarea de admitir decisiones con las que no están de acuerdo.
En otra ocasión sostuve que si el voto es una de las prácticas propias de la democracia, no lo es porque el más votado sea, necesariamente, un personaje democrático. Lo que le confiere un sentido democrático al voto es su mínima incidencia. Este rasgo que, para algunos es causa de una vivencia de insignificancia (expresada como apatía) para mí es, precisamente, el que determina su potencia democrática. Dicho de otro modo, lo que para algunos será “mi voto no mueve la aguja”, para mí significa que “mi poder como ciudadano no debe ser más que una medida restringida”. De hecho, matemáticamente, a mayor cantidad de votos que obtiene un candidato, menor es el porcentaje de incidencia del voto de cada uno de los que lo eligió.

Estoy llegando al final de esta carta abierta. Aunque parezca paradójico, debo decir que anhelo que surja una oposición razonable, que por el momento no la encuentro. Una oposición que no quede presa de esta misma denominación y que, por lo tanto, no crea que debe estar todo el tiempo en oposición. Al escribir sobre la guerra, Freud consideró que la tendencia a la unión –entendida como el encuentro de lo afín pero diferente- es un modo de neutralizar la fuerza de la disgregación y de la violencia. Así, de hecho, es cómo describió el origen del derecho, como poder de la comunidad, como unión de muchos (débiles y de potencia desigual) para enfrentar el despotismo del más fuerte (o bien la violencia individual). Claro que dicha unión rápidamente debe encarar otro problema: ¿cómo logra ser duradera? Freud anticipaba que “nada se habría conseguido si se formara solo a fin de combatir a un hiperpoderoso y se dispersara tras su doblegamiento”.
Algunos interrogantes que pueden formularse los que se agrupan en algún proyecto podrán ser: ¿Cuál es la meta de esa unión? ¿Qué grado de complejización anímica y societaria está expresando? ¿Qué cabida tienen allí los diferentes intereses sectoriales?
Insisto, anhelo que surja una oposición sana, capaz de mejorar lo que haya para mejorar y conservar las iniciativas actuales que lo merezcan, una oposición que no se unifique en el odio a este gobierno, sino en torno de un proyecto propio y que sea la ternura lo que los ligue entre sí.

lunes, 13 de mayo de 2013


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domingo, 24 de marzo de 2013

Francisco I y las renuncias

Sebastián Plut


Para comenzar optaré por exponer un fragmento de mi subjetividad o, mejor, dado que habré de referirme al Papa Francisco I, una confesión. En distintas situaciones de mi vida, hace tiempo sé que necesito luchar contra la fascinación. Sé que ante ciertos autores, textos o interlocutores, puedo tender a quedar seducido y se me impone, pues, un trabajo de elaboración tal que se dirija no solo al entendimiento de ese otro, sino también al procesamiento dentro mío de aquel efecto.
Se advierte ya que no abono ninguna posibilidad de conciliar favorablemente la reflexión con la fascinación. Más aun, esta última y la idealización configuran tanto la intolerancia al error como el camino más directo a éste.

Escribir estos días sobre el Papa Francisco I, a poco aún de su asunción, es precisamente expresión de esa misma pugna: interviene allí algo de la fascinación y, simultáneamente, el esfuerzo por despojarme de ella o, nuevamente tomando el contexto, por exorcizarla.

Lógicamente, el riesgo de expresarse en este momento sobre el flamante Papa, no es tanto el equívoco, sino el alto grado de probabilidad de escribir obviedades, renglones que solo sumen un más de lo mismo a lo que tantos otros están diciendo, a favor o en contra, desde la fe o el ateísmo, con pesimismo o esperanzas, con críticas o elogios. Sin embargo, también podemos considerar que todo este suceso hace que la realidad tome el carácter de una pulsión, en el sentido de constituirse como una exigencia de trabajo para lo psíquico.
Decía al comienzo de este párrafo que el riesgo no es el error, ya que a tan pocos días del inicio del papado todo lo que podamos decir será a sabiendas de que se trata de conjetura, deseo o sospecha. Es decir, es preciso reconocer que mayormente cuando hacemos pronósticos, estamos mirando por el espejo retrovisor y creemos que miramos por el parabrisas.

Hace días que todos conversamos sobre los pequeños gestos de Francisco y sobre los cuales los medios describen e informan: breves oraciones que dijo, fotos que circulan, antiguas anécdotas de su vida moderada, actitudes recientes, etc. No permanecí ajeno a las opiniones, si bien mantuve –o intenté mantener- cierta prudencia. Primero traté de leer las noticias pero, sobre todo, procuré leer notas extensas y enteras. Se me fue despertando una curiosidad significativa que me llevó, por ejemplo, a leer artículos más extensos en el sitio web de La Santa Sede (www.vatican.va). Allí me detuve en las homilías, ángelus y mensajes varios de diferentes papas.
Conviene insertar aquí una aclaración: progresivamente identifiqué que mi interés en el tema iba de la mano de mi vocación –otra palabra de cuño religioso- como psicólogo institucional, muy similar al tipo de fruición con que leí (más bien, estudié) la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco. En un texto en el que expuse el análisis de la figura de Baskerville (www.revistaepistemologi.com.ar) señalé que esta novela puede leerse como si fuera un texto de historia, una novela filosófica, en clave religiosa o policial e, incluso, como un caso de análisis institucional. Ahora que lo pienso, de tan heterogénea manera también pueden pensarse el Vaticano, la Santa Sede y la elección y actividad del Papa Francisco I.

Me gustan la sobriedad, la humildad y la modesta forma de vivir de este Papa. En cierta medida me evocan los conceptos freudianos de renuncia pulsional y restricción del narcisismo y que nada tienen que ver con alguna sofocante represión. Tales nociones, para ser sintético, expresan la posibilidad y la resultante de reconocer que la realidad no coincide ni con el ideal ni con la pulsión. Para decirlo de otro modo: la renuncia es la condición para admitir la imposibilidad de una satisfacción irrestricta. Desde ya que esos conceptos pueden desarrollarse mucho más, pero aquí basta con esta escasa referencia.

Decía, entonces, que el hecho de que un Papa nos muestre tales rasgos y gestos me cae bien. Me genera algo de empatía, quizá porque reencuentro allí una pelea similar a la que mantengo contra el goce de la fascinación.
No hace falta decir aquí que esas manifestaciones no son suficientes, pues ya lo han dicho muchos estos días. No hay ninguna duda: para ser buen Papa (si es que fuera simple y posible definir qué es un “buen” Papa) o para “vaticinar” lo que vendrá, no alcanza con ponderar la sobriedad de Bergoglio. Tampoco me caben dudas acerca de quienes son los verdaderos destinatarios de la novedosa humildad pontificia: los propios miembros del clero, los que han hecho de la canonjía un derecho natural e incuestionable del sacerdocio.
No pienso que sea deber de la Iglesia, ni que esté a su alcance, resolver los problemas económicos de la sociedad. Podrá llevar consuelo y en ocasiones un plato de comida, pero su esencia –creo- será el alimento espiritual que puede brindar. La humildad de Francisco I, cuanto menos, podrá interferir en la inclinación social actual a alimentar la envidia, el egoísmo y la voracidad. Veremos cómo sigue todo esto.

Ahora bien, si nos centramos en Francisco no estará de más recordar que la humildad no nos dice nada, al menos necesariamente, sobre si es o no buena persona, sobre sus posibles ilusiones de omnipotencia, sobre sus programas de gobierno y, mucho menos, sobre los resultados que podrá obtener.
De estas incertidumbres quiero subrayar la correspondiente a la ilusión de omnipotencia. Es que sobre su programa de acción y sobre los logros que pueda alcanzar no dependerán solo del Papa. En cuanto a las expectativas de renovación, de hecho, no conviene olvidar que se trata de una institución sostenida en la tradición y cuya misión es su transmisión. Respecto de si estamos ante una buena o mala persona, ello entraña tantas consideraciones morales que excede mi disposición a detenerme en ese tema. Por eso, volvamos al problema de la omnipotencia. Además, porque este asunto, en rigor, excede a Jorge Bergoglio y abarca a todo aquel que sea ungido Papa. Sencillamente, me pregunto cómo puede escapar a la ilusión de omnipotencia una persona que admite (y, por qué no, soporta) ser el representante o vicario de Dios en la Tierra y, en cuya elección habría participado el Espíritu Santo. No digo esto con ironía y, ciertamente, es independiente de lo que yo mismo crea. Lo que importa es que sí lo cree quien ocupa esa posición. Y tratándose de una persona humilde, reacia a los ornamentos, imagino que de verdad debe ser todo un trabajo abdicar, a diario, a cada minuto, de esa ilusión que, casi casi, el contexto pide que conserve y enarbole.
Una digresión: a penas escribí el sustantivo ornamentos evoqué la primera frase que aprendí en latín cuando cursé el primero año del Colegio Nacional de Buenos Aires. Creo, con alguna posibilidad de equívoco dado el paso de los años, que era así: ancilla statuam ornat. Su traducción, también con ciertas prevenciones sobre mi capacidad de recordar, sería: la esclava adorna (o embellece) la estatua. No tengo del todo clara la significación de esta asociación libre que me sobrevino, y menos aun me explico por qué la primera oración que uno aprendía en latín incluía una esclava.

En suma, no podremos saber, al menos por el momento, si la mesura y moderación de Francisco I forman parte de un conjunto de señales que quiere brindar a los curas, obispos, etc.; si es un modo de entender el ejercicio de su enorme tarea diaria; o bien, si son parte prevalente de sus rasgos psicológicos de carácter. Esperemos para saber, entonces.

Lo cierto es que, como sea, la elección de este Papa, por argentino o por hispanoamericano, por bueno o por algún otro motivo, ha generado –y sigue generando- grandes expectativas. En verdad, es posible que la designación de cualquier líder sea una fuente canónica –palabra que, otra vez, no está escogida al azar- de esperanzas. Dicho de otro modo, es inevitable que así sea.
Pienso: si el Papa toma la tarea de renunciar a los lujos que tiene disponibles y, a su vez, si imaginamos que también trabajará en renunciar a la ilusión de omnipotencia con que lo inviste el trono que ocupa, la feligresía católica en particular, y la humanidad en general, podrá responderle en consecuencia: ser sensatos y medidos en nuestras expectativas.

Cuando fue electo Barack Obama, gran parte del mundo se entusiasmó con quien sería el primer presidente afroamericano de los EE.UU. Vieron allí un signo de avance en la sociedad americana y una esperanza de cambio que, a decir verdad, no se concretó palmariamente. Tal vez, el ocaso de la discriminación no se contente con la posibilidad de elegir a un hombre afroamericano en los EE.UU., o con elegir a un Papa que venga del fin del mundo. Quiero decir: no discriminar también exige no esperar que estos mismos atributos sean el signo y anuncio de nuevos y mejores vientos.
Demos aun un paso más: que en un país de larga historia racista se elija a un Presidente como Obama o que en el universo europocéntrico se designe a un sudaca, no solo no garantiza ni augura per se nada maravilloso, sino que tampoco creo que, invariablemente, su misma elección exprese un genuino y noble cambio de mentalidades.
En el caso de Barack Obama, fue electo presidente en ocasión de una de las crisis financieras más importantes de los EE.UU y luego de que George W. Bush instalara sólidamente la amenaza del terrorismo islámico. Francisco I fue elegido en el cónclave vaticano como consecuencia de un hecho, si no inédito, al menos de ocurrencia cada varios siglos: la renuncia del Papa precedente.
Intuyo que en sendos contextos de elección hay aun algo por desentrañar en cuanto a los caminos y motivaciones que empujaron a ambos resultados: presidencia de Obama y papado de Francisco. O sea, ¿qué podrá significar –y sinceramente no lo sé- que ante dos situaciones extrañas e indeseadas, se elijan a personajes que tienen atributos que, hasta el momento, los hacían difícilmente elegibles en sus sociedades respectivas?

Es momento de finalizar. Comencé con una confesión y terminaré con la mención de algo que no me gustó mucho de lo que ha dicho el Papa. Algo que, como decimos por acá, no me cierra. El Papa ha hablado de la paciencia de Dios, quien no se cansa de perdonar, mientras los humanos nos cansamos de pedir perdón. Francisco I, en ese momento, enfatizó la misericordia divina y aconsejó no cansarnos de pedir perdón. Con estas reflexiones de su ángelus del 17/03/13, disiento en algunos puntos, pero lo que no me gustó fue lo que recordé: a propósito de la postura de la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial, el filósofo italiano Giorgio Agamben llamó la atención sobre el rasgo divino al que se apelaba: “La Iglesia Evangélica alemana declaró públicamente en un determinado momento que era ‘corresponsable ante el Dios de Misericordia del mal que nuestro pueblo ha hecho a los judíos’; pero no ha mostrado la misma prontitud para sacar la consecuencia de que esta responsabilidad no tenía que ver, en realidad, con el Dios de Misericordia, sino con el Dios de Justicia, y hubiera significado, en consecuencia, el castigo de los pastores culpables de haber justificado el antisemitismo”.
Hay otros dioses (o ideales) además del propio del amor: el de la justicia, el de la verdad, entre otros. Cada uno de estos, seguramente, exige alguna renuncia particular. Por ahora, debemos esperar a ver cómo se van combinando los diferentes deseos e ideales del Papa. Yo me quedo con las preguntas, mis antepasados dirían: Baruj Hashém.

lunes, 18 de marzo de 2013

Estudio comparativo de dos diarios que informan sobre un mismo suceso político

Sebastián Plut

“Debemos tener en cuenta que nuestros periódicos
se proponen fines sensacionalistas y triunfos personales
mucho más que servir la causa de la verdad”
(Edgar Alan Poe)

1. Introducción
Frecuentemente se ha destacado la influencia del periodismo en la formación de opi-nión pública, influencia que se ejerce sobre la tematización, esto es, sobre el estable-cimiento de la agenda. Sin embargo, el establecimiento de la agenda posee cuanto menos tres objetivos: determinar cuáles son los temas, dimensionar su relevancia y proponer una interpretación. Para tales objetivos, pues, los medios se sustentan en el supuesto de objetividad de la información, al tiempo que utilizan diversos recursos y estrategias en la transformación desde el texto fuente de la noticia al texto periodísti-co. (Cohen, 1963; D’Adamo, et al., 2000; Perelman y Olbrechts-Tyetca , 1989; Sánchez Manzanares, 2008; Van Dijk, 1990). Todo ello nos conduce tomar al discurso periodís-tico desde la perspectiva de la retórica de la persuasión, en su capacidad de inducir pensamientos, creencias y actitudes. Un aspecto, quizá algo menos investigado, co-rresponde a la tentativa de inducir estados afectivos, tales como pesimismo, descon-fianza, escepticismo, pánico, entre otros (Maldavsky, 2002b; Graber 1994).
Los intentos de influir sobre el lector pueden realizarse por dos vías: la expresión de ciertas ideas políticas y otra el recurso a ciertos modos de expresión que son testimo-nios de una subjetividad. En suma, el discurso político –en este caso, del periodismo político– tiene valor como acto, como escena desplegada con alguna finalidad: generar adhesiones, fortalecer hostilidades, presionar, enmascarar, hacer hacer, hacer creer, hacer sentir, reforzar la legitimidad, autoridad y credibilidad del enunciador. El interro-gante de base y global que orienta nuestro estudio, entonces, puede expresarse del siguiente modo: ¿qué hace un medio cuando informa?
Este trabajo consta de dos partes. En la primera, nos proponemos analizar con el Algo-ritmo David Liberman (ADL) las tapas de dos diarios nacionales de Argentina (Pági-na/12 y Clarín) del 2 de marzo de 2013, día posterior al discurso que dio Cristina Fer-nández de Kirchner, Presidente de la Nación, en la Inauguración del 131° período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. En la segunda parte, tomamos dos no-tas enteras de dos editorialistas, Mario Wainfeld y Ricardo Roa de Página/12 y Clarín respectivamente, del mismo día.

2. Primera parte
2.1. Muestra
En la descripción de las tapas enumeramos únicamente los elementos referidos al su-ceso cuyas versiones deseamos analizar.

La tapa del diario Página/12 contiene:
1) El titular principal: “Yo quiero en serio una justicia democrática”;
2) el copete: En la apertura del año legislativo, CFK anunció una batería de proyectos de ley para reformar la justicia. Busca que los miembros del Consejo de la Magistratura sean “elegidos por el pueblo”, ponerles límite a las cautelares, crear tres nuevas cámaras de Casación y trans-parentar la actividad y el ingreso a los juzgados;
3) una foto;
4) 4 subtítulos: a) Respuesta a los buitres: “Un puñado no puede arruinar a todo el mundo”; b) Respuesta a la Cámara de Nueva York: “A los buitres les pagaremos como a los demás”; c) Defensa del memorándum con Irán: “Me niego a hacer la plancha, quiero saber la verdad”; d) “La década ganada”: Los números de los diez años del kirchnerismo
5) el título de una nota del interior del cuerpo del diario: Muchos mensajes en uno;
6) una referencia a una nota sobre la Cámara de Nueva York: Un guiño desde nueva York. La Cámara pidió precisiones a la Argentina sobre cómo les pagaría a los buitres. Interpretaciones optimistas;
7) el relato de una anécdota: Violín. En octubre de 2003, cuando tenía 10 años, se acercó al palco donde estaba Néstor Kirchner en Humahuaca y le entregó una carta. Allí le explicaba que quería estudiar música pero su familia no podía comprarle el violín. Poco después le llegó a su casa uno que había pertenecido a Miguel Angel Estrella. Su historia fue relatada en Néstor Kirchner, la película. Ayer, en la apertura de las sesiones parlamentarias, el jujeño Facundo Nolasco fue el encargado de interpretar en ese instrumento el Himno Nacional.

La tapa del diario Clarín incluye:
1) El titular principal: Cristina anunció que avanzará sobre los jueces y la Justicia;
2) el copete: Enviará proyectos para que el Consejo de la Magistratura se elija por voto popular. También para limitar las cautelares y para que se hagan públicas las declaraciones juradas de los jueces. Además, propondrá crear otras tres cámaras de casación;
3) una foto;
4) una referencia a una nota sobre los “fondos buitres”: Lo dijo la Presidenta. Habrá una oferta para los fondos buitres. Cristina decía que no iba a haber ni un dólar para esos acreedores. Pero ayer aseguró que podría reabrir el canje y repetir la oferta de 2005 y 2010. Plazo hasta el 29. la Justicia de EE.UU. le ordenó al Gobierno que diga cómo pagará;
5) el título de una nota del interior del cuerpo del diario (con la foto del periodista): La columna de Lanata. La épica es ahora dominar el aparato judicial;
6) 4 subtítulos: a) Faltó la gente, sobró la soberbia; b) Un claro acto político para el año electo-ral; c) Causa AMIA. “Lo importante no era tener un juicio sino conocer la verdad”; d) Ante el Congreso: “No se va a reformar ninguna Constitución, quédense tranquilos”;
7) un comentario sobreimpreso en la foto: Impronta. La Presidenta habló 3 horas y 45 minutos pero no mencionó la inflación.

Como puede advertirse, la composición de ambas tapas es bastante homogénea, en cuanto al tipo de información, su estructura y número, todo lo cual facilita la compara-ción entre ambos materiales y la correspondiente búsqueda de diferencias y/o similitu-des.

2.2 Instrumentos y procedimientos
Recurrimos a la grilla de los actos del habla para estudiar los deseos en la posición del periódico al relatar. En ese sentido analizamos el valor semántico de dichos actos del habla y, también, su función según el contexto en que se despliegan. Asimismo, recu-rrimos a la grilla de relatos a los que, aun como escenas mínimas, tomamos como par-te de la argumentación del periódico. Para todo ello (detección de la posición de cada diario, análisis de la función, etc.) nos resultó orientador el análisis de la foto no solo por su valor icónico. Finalmente, utilizamos el diccionario y la distribución de frecuen-cias para el análisis de las palabras.

2.3 Análisis
2.3.1. Análisis de las fotos






Si bien ambas fotos son amplias es de mayor dimensión la de Página/12. Podemos hacer, pues, dos tipos de comparación. Por un lado, la foto de Página/12 muestra a CFK y, simultáneamente, a gente que aplaude y que arroja papelitos. La de Clarín, en cambio, solo la muestra a CFK, como si estuviera mirando a Néstor Kirchner. En esta última, además, parece más evidente el paso de los años en CFK así como los anillos y un reloj de oro. Estas diferencias pueden interpretarse como deseos A2, FG y O2 (combinación de festejo y muestras de afecto en un ámbito institucional) en la foto de Página/12 y LI y O1 (combinación de ostentación económica, paso del tiempo y comu-nicación con un muerto) en Clarín. Sin embargo, es interesante no solo cómo cada medio muestra a CFK, sino la posición desde la cual lo hace. Dicho de otro modo, el análisis de la foto permite advertir que en el acto de mostrar se pone en evidencia el sujeto que muestra. El fotógrafo de Página/12 mira como mira CFK, mira desde su misma perspectiva, en tanto el fotógrafo de Clarín la muestra desde (la vereda de) enfrente. En suma, la forma de mostrar a CFK pone de manifiesto la perspectiva del que informa. La otro foto que hemos mencionado en la muestra (la de Lanata) por su posición (en el sector superior de la tapa) parece expresar la posición de superioridad desde la cual se examina el conjunto.
Desde el punto de vista de los deseos, la escena desplegada al mostrar las fotos co-rresponde a FU en tanto señala la posición o lugar en que cada medio se coloca.

2.3.2. Análisis de los actos del habla
Comencemos por el análisis de los actos del habla de la tapa del diario Página/12.
El titular principal es una cita textual (A2) acompañada por una síntesis (A2) en el co-pete. En los 4 subtítulos también se reiteran las citas textuales (A2). La referencia a una nota sobre la Cámara de Nueva York corresponde a una síntesis (A2) y la anécdo-ta del violín, considerada globalmente, corresponde a una descripción de situaciones concretas (A2). En suma, en el conjunto de los actos del habla de la tapa de Página/12 prevalece el deseo A2 (citas, síntesis e informaciones concretas).
En cuanto a los relatos, contenidos como escenas mínimas al servicio de los actos del habla, detectamos 4 deseos: A2, A1, LI y O2. En efecto, el diario describe situaciones de intercambio entre instituciones, pugnas con el Poder Judicial, defensa ante los es-peculadores, logros económicos, búsqueda de la verdad de los hechos y ayuda a un joven que desea estudiar música. También tienen su lugar otros dos deseos, FG y FU. El primero de ellos se expresa, por un lado, bajo la forma de la manifestación de de-seos (dos citas textuales en que CFK dijo “quiero” y una referencia al joven que “quería estudiar música”). Cabe recordar que en un análisis previo (Plut, 2012) ya observamos la importancia de dicho verbo en la relatora. Por otro lado, el relato del joven músico que comienza en 2003 y concluye en 2013, parece enlazarse con uno de los subtítulos: “La década ganada” y que hace referencia a los números de estos 10 años. De este modo, el relato referido parece hacer de ejemplo (FG) de los números de esta década. En cuanto al deseo FU se expresa sobre todo en la posición que el diario le atribuye a la Cámara de Nueva York (guiño, interpretaciones optimistas) en lo que sería un víncu-lo amistoso, de colaboración y acercamiento.

Veamos ahora los actos del habla del diario Clarín. Aquí también hallamos sobre todo actos del habla A2 (afirmaciones, síntesis, informaciones y descripciones de hechos concretos, objeciones y citas textuales). Los relatos contenidos parecen ser expresión de los deseos A1 y LI, en el sentido de que CFK habló con intenciones políticas por el año electoral, desearía “avanzar” (avasallar) sobre el Poder Judicial y omitió los pro-blemas económicos. Respecto de la Cámara de Nueva York, por ejemplo, muestra la posición de sometimiento de Argentina. Asimismo, exhibe lo que serían contradicciones de CFK (habría dicho que no le pagaría a los fondos buitres y ahora afirmaría que sí lo va a hacer, o que no le interesa la justicia respecto del atentado a la AMIA).
También en este diario se advierte del deseo FG, aunque en este caso como compara-ción entre cantidades de las cualidades. Por ejemplo, al decir que habló mucho tiempo y no mencionó la inflación, o que sobró la soberbia pero faltó la gente.
En suma, ambos diarios combinan deseos A2 y FG (referencias concretas y exhibir un tipo de personaje) como si dijeran “mire lo que hace CFK”. A su vez, mientras Pági-na/12 parece acompañar el avance aventurero de CFK (FU), Clarín parece denunciar que miente (A1).

2.3.3. Análisis de las palabras
Luego de analizar las palabras con el diccionario del ADL, aplicamos a sus resultados las medidas descriptivas de la distribución de frecuencias correspondiente a las notas periodísticas de “política internacional”. La siguiente grilla muestra los percentiles resul-tantes:

Percentiles
Página/12
LI: 50
O1: 85
O2: 40
A1: 15
A2: 60
FU: 60
FG: 50


Clarín
LI: 40
O1: 80
02: 5
A1: 60
A2: 85
FU: 50
FG: 40

Página/12 tiene valores medios en cinco deseos (LI, O2, A2, FU y FG), valor bajo en el deseo A1 y valor alto en O1. Clarín tiene valores medios en cuatro deseos (LI, A1, FU y FG), valor bajo en O2 y valores altos en O1 y A2.
Hallamos semejanzas entre ambos periódicos, entonces, en cuatro deseos, tres de los cuales tienen valores medios (LI, FU y FG) y uno de los cuales tiene un valor alto (O1). Respecto de las diferencias, hay una diferencia leve para el deseo A2 y una diferencia importante para los deseos O2 y A1 (el primero es medio en Página/12 y bajo en Clarín y, a la inversa, A1 tiene un valor medio en Clarín y bajo en Página/12).
Respecto del deseo A2, reitero, puede interpretarse como una diferencia menor, que incluso podría deberse al azar, a lo cual cabe agregar que se trata de una muestra pe-queña (219 palabras en Página/12 y 163 en Clarín). Sin embargo, también conviene tener en cuenta que a pesar de ser una diferencia leve, uno de los valores es medio y el otro es alto (hipertrofia). Tal vez haya en Clarín un sobreesfuerzo por exhibir racio-nalidad y/o enfatizar el juicio crítico.
A partir de estos resultados podemos conjeturar que el valor alto para el deseo O1 (común a ambos periódicos) puede ligarse con el propósito de despertar crédito en los lectores. La diferencia en O2 (valor medio para Página/12 y muy bajo para Clarín) pa-rece corresponder a un mayor énfasis que el primero pone en el vínculo afectivo entre CFK y sus seguidores o el pueblo. A la inversa, la diferencia en A1 (bajo en Página/12 y medio en Clarín) puede expresar que este último da más cabida al intento de acusar y denunciar las acciones del Gobierno Nacional.

3. Segunda parte
3.1. Muestra
Tomamos dos notas, una de cada uno de los diarios. De Página/12 analizamos el artí-culo escrito por Mario Wainfeld y ubicado en la página 2. El autor hace un repaso ge-neral por el discurso de CFK, haciendo un análisis de cada uno de los temas principales que abordó extrayendo algunas conclusiones y conjeturas. La segunda nota analizada es la de Ricardo Roa (Clarín) quien solo menciona algunos de los temas tratados en el discurso y, en cambio, destaca algunas contradicciones, omisiones e intenciones de CFK. Cabe destacar que la nota de Wainfeld tiene el triple de palabras que la nota de Roa.

3.2. Instrumentos y procedimientos
Para esta segunda parte, también recurrimos a los instrumentos que permiten analizar los deseos en los actos del habla y relatos (grillas) y en las palabras (diccionario y dis-tribución de frecuencias). Sin embargo, en este caso no tomamos los relatos como parte de los actos del habla, es decir, como parte de la argumentación, sino como un nivel de análisis independiente cuyos resultados luego combinamos con los de los otros dos niveles.

3.3. Análisis
3.3.1. Análisis de los relatos

Relatos en la nota de Mario Wainfeld

I. 1) CFK propuso democratizar la justicia; 2) Anunció un proyecto de ley sobre el Poder Judicial; 3) No se reforma la Constitución
Deseos: A2
II. 1) En 1994 se creó el Consejo de la Magistratura; 2) Hay desigualdades entre las corporaciones repre-sentadas; 3) CFK anunció reglas de proporcionalidad para la participación de minorías
Deseos: A1 – A2
III. 1) Las medidas cautelares se usan abusivamente; 2) CFK denunció un “negoción”; 3) Propone elimi-narlas en los juicios contra el Estado
Deseos: A1 – LI – A2
IV. 1) Los jueces no pagan Impuesto a las Ganancias; 2) Hace unos años se frenó una ley por una acor-dada de la Corte Suprema; 3) CFK les pidió que restauren la igualdad
Deseos: A1 – A2
V. 1) La Cámara de Nueva York pidió precisiones sobre el pago a los fondos buitres; 2) CFK dijo que, por ley, se pagará igual que al resto de los bonistas
Deseos: LI - A2
VI. 1) CFK mostró conocimientos del caso AMIA; 2) Cuestionó a dirigentes judíos y a la Corte de los ’90; 3) Rechazó acusaciones por acuerdos nucleares con Irán
Deseos: A1 – A2
VII. 1) El expediente AMIA está parado hace años; 2) Para CFK lo peor que puede pasar es que no pase nada; 3) Se pregunta ¿cómo no intentar?
Deseos: A1 – FU
VIII. 1) Fue amigable con algunos opositores; 2) Criticó a otros
Deseos: FU – A2
IX. 1) CFK habló sin leer; 2) Dijo “garpar” por “pagar”; 3) Se disculpó por el lenguaje inapropiado
Deseos: A2
X. 1) Hay temas que no mencionó; 2) El Gobierno no los ignora; 3) CFK tiene iniciativa
Deseos: A2 – FU

En el conjunto de deseos, detectamos 4: A2, FU, A1 y LI. En cuanto a los deseos do-minantes, si bien estadísticamente el deseo A2 es el de mayor peso, conviene conside-rar que el cierre de la nota pone de manifiesto la importancia del deseo FU.
Analicemos, entonces, las escenas relatadas y la distribución en ellas de deseos y per-sonajes. Por un lado, las secuencias describen una triple posición de CFK: a) propone una reforma judicial que respete la Constitución y resuelva ciertas desigualdades, co-noce en profundidad el Caso AMIA (A2); b) omite ciertos datos de la realidad y utiliza términos inadecuados (A2); c) plantea proyectos ambiciosos para el futuro y asume riesgos políticos (FU).
Por otro lado, localiza dos tipos de rivales: a) aquellos que buscan ganancias económi-cas: los que hacen un “negoción” con el Estado, los jueces que no pagan el Impuesto a las Ganancias, los fondos buitres (LI); b) dirigentes, políticos y jueces que impidieron el avance de la justicia (A1).

Relatos en la nota de Ricardo Roa

I. 1) La gestión de CFK está en el peor momento; 2) Ella no cambia:
Deseos A2
II. CFK habló sobre todo del pasado; 2) Ante el Congreso usó opiniones como si fueran hechos; 3) Exage-ró los resultados
Deseos: A2 – O1 – FG
III. 1) No habló de la inflación; 2) Culpó a los gobernadores por la inseguridad; 3) Le pegó a sus rivales políticos
Deseos: LI – O1 – A1
IV. 1) CFK anunció un proyecto de reforma del poder Judicial; 2) Las diferentes propuestas terminan con la independencia judicial
Deseos: A2 – A1
V. 1) CFK reclamó que los funcionarios presenten declaraciones juradas; 2) ella aumentó 1000% su rique-za; 3) las denuncias por enriquecimiento ilícito fueron cerradas
Deseos: A2 – LI – A1
VI. 1) Una mujer con cáncer le escribió una carta; 2) Le dijo que era una lástima que no hubiera sido presidenta antes; 3) CFK dio a entender que se hubiera curado de cáncer
Deseos: LI – O2 – O1


El análisis de las secuencias narrativas de la nota de Roa muestra la presencia de seis deseos: O1, A1, A2, FG, LI y O2. Las prevalencias parecen corresponder, sobre todo, a los deseos A1 y O1.
Veamos las posiciones en que queda colocada CFK: a) es una política que no se auto-rectifica con la experiencia (A2); b) exagera sus logros (FG); c) tiene encubiertas in-tenciones políticas, quiere subordinar al Poder Judicial y recibe favores respecto de las denuncias en su contra A1); d) se han enriquecido enormemente (LI); e) miente y distorsiona la realidad (O1).
A su vez, los otros son: a) personajes sometidos o perseguidos (A1); b) cómplices (A1); c) una mujer enferma que se lamenta (LI + O2).

3.3.2. Análisis de los actos del habla
En primer lugar, observemos el valor semántico de los actos del habla desde una pers-pectiva paradigmática. En la nota de Mario Wainfeld prevalecen diversos actos del habla A2 (definiciones, información y descripción de hechos concretos, proyecto de acción, anticipaciones de hechos concretos, citas, objeciones y conjeturas, entre otros). En segundo lugar, encontramos actos del habla FU (en la gama de las localiza-ciones temporales y vocalizaciones en suspenso) y FG (ejemplos, énfasis).
La escena desplegada por quien relata es la de un sujeto racional, analítico, que respe-ta los hechos (A2) y que, además, genera interrogantes (FU). La función de dicho des-pliegue parece consistir en el deseo de mostrar (FG) aspectos similares en CFK (A2 y FU).
Una panorama parcialmente similar encontramos en la nota de Ricardo Roa: un núme-ro importante de actos del habla A2 (críticas, citas, generalizaciones concretas, obje-ciones, descripciones de situaciones concretas, conjeturas, entre otros) y, en menor medida, actos del habla FG (comparaciones metafóricas, ejemplos). En este caso, la tentativa de razonar, citar, etc. (A2) y de recurrir a ciertos ejemplos (FG) tiene la fun-ción de mostrar la arrogancia, contradicciones y mentiras de CFK.
Una primera comparación entre ambos hablantes muestra las semejanzas entre los deseos A2 y FG y una diferencia: en la nota de Roa no hallamos actos del habla FU.
No parece llamativo, pues, que en este nivel abunden los actos del habla A2, ya que son congruentes con la función de un medio periodístico consistente en informar sobre una realidad determinada y analizar los hechos.

3.3.3. Análisis de las palabras

Percentiles
M. Wainfeld
Página/12
LI: 60
O1: 65
O2: 50
A1: 30
A2: 65
FU: 50
FG: 40


R. Roa
Clarín
LI: 60
O1: 65
O2: 35
A1: 90
A2: 15
FU: 60
FG. 100


Con estos resultados podemos realizar diferentes contrastes en el nivel de las palabras: a) entre Wainfeld y Roa; b) entre Wainfeld y la tapa de Página/12; c) entre Roa y la tapa de Clarín.
En los percentiles correspondientes al artículo de Wainfeld vemos que todos los deseos tienen valores medios, mientras que en la nota de Roa hay 2 deseos con valores altos (A1 y FG) y uno con un valor muy bajo (A2). Estos tres deseos, pues, encuentran dife-rencias importantes con los guarismos de la nota de Wainfeld.
Entre la nota de Wainfeld y la tapa de Página/12 no hallamos diferencias importantes, aunque tal vez convenga mencionar que los deseos con valores extremos de la tapa (O1: 85; A1: 15) coinciden con el valor más alto y más bajo en la nota del autor.
En cambio, entre la nota de Roa y la tapa de Clarín sí advertimos algunas diferencias: (cambio leve en los deseos O2 y A1, cambio muy importante en los deseos A2 y FG). De estas 4 diferencias, en tres deseos la nota de Roa registra un aumento (O2, A1 y FG) y en uno una disminución (A2).

4. Discusión
Comenzaremos con el análisis de ambas tapas. Podemos combinar el análisis de los diferentes niveles en cada una de las tapas con la comparación entre ambos diarios.
Cada medio describe y sintetiza un suceso concreto (A2) y procura despertar el crédito en los lectores (O1) a través de exhibir una serie de atributos de CFK (FG). Asimismo, cada uno se coloca en una posición diversa (FU), acompañando (Página/12) o en co-ntra (Clarín). Para ello, mientras Página/12 sintoniza afectivamente con CFK (O2) y procura convocar la confianza y el amor (FU y O2), Clarín denuncia a la presidente (A1) y convoca la desconfianza y el sentimiento de injusticia (FU y A1).
Veamos ahora el análisis de las notas de los dos editorialistas a partir de combinar los resultados que arrojaron los tres niveles estudiados.
En los relatos de la nota de Wainfeld identificamos especialmente 4 deseos, dos de los cuales expresan la posición de CFK (A2 y FU) y los dos restantes a sus rivales (A1 y LI). Si los actos del habla expresan al sujeto complejo productor de la nota (periodista, reglas del periódico y línea editorial del mismo) (De Simone, et al.; 2012), en este caso dicho sujeto se posiciona del lado de CFK. A su vez, si el nivel de las palabras evidencia los deseos del propio periodista, advertimos que éste parece integrar la perspectiva de los diferentes personajes implicados en las escenas relatadas.
En la nota de Roa, si contrastamos los tres niveles de análisis, hallamos una semejanza significativa en cuanto a dos deseos en particular: A1 y FG, como si el diario y la posi-ción que atribuyen a CFK quedaran homologados en cuanto a los deseos vengativos y las exageraciones. En esta misma línea, podemos incluir el bajo valor que el deseo A2 tiene en el nivel de las palabras, lo cual parece concordar con la falta de autocrítica y ajuste a los hechos que le imputan a CFK.

5. Conclusiones
Para el estudio que realizamos en la primera parte tomamos en cuenta dos niveles de análisis, los actos del habla y las palabras, aunque para el primero de ellos también recurrimos a la grilla de escenas relatadas. En efecto, hemos tomado los relatos desde la perspectiva de los actos del habla, como argumentos para despertar el crédito en los lectores. Ello implica que además de considerar el valor semántico de los actos del habla, también estudiamos su función, lo cual requiere el análisis del contexto, en este caso, la tapa de los periódicos. Un lugar especial tuvo entonces la consideración de las fotos que ilustran las tapas de ambos medios, ya que ponen de manifiesto la perspec-tiva desde la cual habla cada uno. Mientras Página/12 relata desde una perspectiva en que se identifica con CFK, Clarín lo hace desde una visión crítica, opuesta, para lo cual recurre a interpretaciones sobre la realidad descripta. Si reunimos el análisis de las fotos con los restantes resultados, tal vez podamos avanzar algo más en esta distin-ción. En efecto, pareciera que el diario Página/12, identificado con la relatora (CFK) se dirige a los lectores (tal como se ve a CFK en la foto hablándole a los presentes). En cambio, el diario Clarín se presenta identificado con el rol de un opositor que, tal como en la foto, se dirige a CFK. Entre ambos diarios, pues, la diferencia posicional no com-prende solo a la adhesión y/o la crítica, sino también a la definición de quién es el in-terlocutor. Página/12 le cuenta al pueblo lo que presuntamente piensa y hace CFK, en tanto que el Clarín le dice a esta última lo que supuestamente piensa el pueblo.
En la segunda parte del estudio, hallamos que mientras Página/12 se posiciona desde la perspectiva de un sujeto racional y ambicioso, Clarín lo hace desde la configuración de un personaje vengativo y exagerado.
Si tratamos de conciliar los resultados de las dos partes de este estudio, tal vez poda-mos conjeturar que mientras Página/12 coloca a CFK en el lugar de representante del modelo A2, con quien se identifica, Clarín localiza a aquella como un doble hostil para el deseo A1.


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